La ciencia lo confirma: acaricie a su perro (y luego, otra vez)

Siempre hemos sospechado que una buena rascadita detrás de las orejas les hace bien a las dos partes. Ahora un equipo de científicos le puso algunos datos a esa corazonada.
Lo que hicieron los investigadores
Un equipo de psicología de la Universidad de Innsbruck, en Austria, invitó a su laboratorio a 64 personas, cada una con su propia mascota (todos los perros tenían por lo menos 2 años y se sentían a gusto en un lugar nuevo). Luego, cada participante pasó por dos rondas de tareas estresantes a propósito: un quiz de cultura general con apenas segundos para responder, y cálculo mental mientras alguien del equipo, por videollamada, solo daba comentarios negativos. (También necesitaríamos una buena siesta después).
Después de cada ronda venía una pausa de cinco minutos con su mascota. En una de las pausas, podían acariciarla, abrazarla y mimarla todo lo que quisieran. En la otra, la mascota se quedaba cerca con una correa corta: podían verla y hablarle, pero no tocarla. Durante todo el estudio se midieron el ritmo cardíaco y las ondas cerebrales, y se preguntó a cada participante cómo se sentía.
Lo que encontraron
La sorpresa: acariciar a la mascota no ayudó a recuperarse más rápido justo después de la primera ronda. La diferencia apareció después. Quienes tuvieron contacto físico durante la pausa mostraron lecturas más tranquilas en la siguiente tarea estresante, con un corazón más estable y más actividad cerebral «alfa», la que se asocia con la calma. Ver a su mascota y hablarle no tuvo el mismo efecto. El ingrediente clave fue el contacto.
Un detalle más: cuánto estrés decían sentir no siempre coincidía con lo que mostraban el corazón y el cerebro.
La Dra. Monica Berntsen, psicóloga que no participó en el estudio, le dio a Newsweek una buena imagen: acariciar a un perro conocido responde a la pregunta del cerebro, «¿estoy a salvo?», «a través del cuerpo y no del pensamiento» (traducción nuestra). Y explicó que con nuestra propia mascota el efecto puede ser más profundo, porque lleva años enseñándole a nuestro cerebro que «aquí estamos a salvo» (traducción nuestra).
Antes de cancelar el gimnasio…
Fue un estudio pequeño, en un laboratorio, con personas y sus propias mascotas, y midió el estrés de las personas, no el de los perros. La Dra. Berntsen también le dijo a Newsweek que no es un tratamiento para la ansiedad. Aun así, es un lindo recordatorio: unos minutos de caricias con su compañía de cuatro patas podrían ayudarle a enfrentar el siguiente momento difícil con un poco más de calma.
Lea la nota completa en Newsweek (en inglés) o el estudio en Biological Psychology (en inglés).
Así se ve en el rancho
No podemos ponerle un monitor cardíaco a cada huésped, pero sí podemos contarle lo que vemos todos los días:
Las pausas para rascar barriguitas son parte de la rutina. Entre rondas de juego en grupo, nuestro equipo reparte mimos, rascaditas en la barbilla y caricias en las orejas. Aquí nadie ha dicho que no a una.
Espacio para ser perro. Más de 2 horas de juego en grupo al aire libre todos los días, en casi 3 acres de césped de verdad, con amistades elegidas por tamaño, edad y personalidad.
Siempre hay alguien en casa. Una familia vive en la propiedad, así que siempre hay alguien aquí, las 24 horas.
La caricia de bienvenida. ¿Nuestra parte favorita de la hora de la recogida? Ver ese primer gran reencuentro lleno de caricias. La ciencia dice que usted se lo ganó, y su mascota también.
Así que adelante: acaricie a su perro. Y luego, otra vez. Es por la ciencia. 🐾
¿Le gustaría que su mascota pase el día entre mimos y juegos sobre el césped? Reserve una visita o una estadía, o llámenos o escríbanos al (305) 702-0475.








